La herida hace al sanador

*La herida hace al sanador, la herida es el don a conquistar...

Desde pequeña, el hecho de poder comunicarme con el mundo exterior y los demás seres humanos, fue para mi muy difícil, y un camino de superación…
Pues algunos nacemos, o nos sucede algo a temprana edad que se manifiesta como una herida, un impedimento, una dificultad…


Por dentro era capaz de pensar y elaborar mil opiniones, discursos, palabras, pero para mi poder transmitir todo ese mundo interno, era un acto de coraje y de valentía, pues también era muy sensible.
Realmente con los que mejor podía comunicarme, era con los animales, aquellos a los que yo sentía iguales en mi corazón. Aquellos a los que no había nada que demostrar.


Ahora en mi presente, después de un camino de sanar mi herida para “comunicarme” con los demás seres, y después de re-aprender este camino de vuelta al corazón, donde puedo comunicarme con seres humanos y animales, aunque con estos últimos realmente me resulta más fácil; puedo decir que soy “comunicadora de conciencias animales”.
Mi camino de superación, donde de la herida conquisté mi don, en este camino he descubierto que el mismo dolor que yo tenía por abrirme al mundo de los humanos y ser comprendida….es el mismo dolor que a veces sienten ellos por no poder expresarnos lo que sienten o piensan.
Mejor dicho, ellos expresan, y somos nosotros los que no escuchamos del todo…


Por eso a veces digo que soy “traductora” de conciencias animales, yo traduzco y comunico lo que ellos desean transmitir. No por ello puede decirse que soy “sanadora”, aunque el hecho de poder comunicarse con sus compañeros humanos a través de alguien, es para ellos bastante sanador.
Sobretodo cuando el vínculo humano/animal se ha roto o se ha confundido, estropeado… es cuando se da esa mágica “re-conexión” y puede abrirse un camino hacia la sanación del vínculo, a través de la comprensión.


Para ello hace falta que el humano pueda implicarse, y pueda volver a sentir a su compañero desde el corazón…desde la mirada interna sin prejuicios, sin esquemas, como la mirada dulce e inocente de un niño.
Somos nosotros los que no oímos, por tanto es nuestra elección aprender a escuchar.

Selva María González Fernández

“Muchos más humanos deberían comunicarse con nosotros, las almas de los animales, y poder recibir nuestros mensajes.
A veces estamos mudos e impotentes ante vuestros actos”
(Mimosa la gatita que trepa árboles)