Cantos al mar en luna llena

Hace tiempo había una linda muchacha risueña, sonriente e inocente, que siempre soñaba con el mar…
Pasaba horas observando el vaivén de las olas, la espuma impoluta y suave, brotando del choque incesante de las embestidas contras las rocas, el olor a mar, la sal pegada a su piel…

Era tanto el amor que podía sentir rodeada de mar, como la pasión que sentía cuando admiraba la luna llena. Esos eran los únicos momentos en que su mente se fusionaba por completo con el paisaje , y quedaba absorbida por el brillo plata de la luna llena.

Fue creciendo y empezó a tener la costumbre de cantar cerca del mar, los días de luna llena. Siempre entonaba curiosas y dulces melodías, nacidas desde un lugar especial que no recordaba de dónde exactamente, pero sabía muy bien que significaba algo… le transmitían sensación de familiaridad, y de ser ella completamente cuando cantaba y se entregaba esas bellas canciones y melodías.

Siempre supo que aquel era el lugar más especial de la Tierra; el mar en las noches de luna llena… Algo le decía que debía continuar su llamado de los cantos al mar.

A veces, repentinamente le parecía escuchar otras voces y melodías lejanas que respondían a sus cantos, entonces miraba entusiasmada, con los ojos como estrellas, y como la niña ilusionada que siempre había sido, en su interior; y miraba al horizonte dando brincos mientras nadie la miraba! Incluso se lanzaba al mar como si fuera a llegar más lejos de ese modo… pero nada especial ocurría, no había nada ni nadie allí.
Tan sólo ella, las olas y su refinada imaginación.
En esos momentos, a veces se sentía confundida, e incluso ridícula por creer en cosas tan raras…

Un día de luna llena, mágica, esplendorosa y radiante. Sintió algo extraño en la brisa del mar, el color del mar era profundamente azul, y la sal tenía un olor diferente… todos sus sentidos estaban más despiertos que nunca aquel día, entonces empezó a cantar.

Sus cantos tenían otro sonido, mucho más agudo, más fino aún, y se sentía llena, radiante y feliz.
Llevaba ya horas cantando, sin darse cuenta del paso del tiempo y de la cantidad de sonidos preciosos y mágicos que había ya entonado… y de pronto ocurrió algo…

A lo lejos empezó a escuchar de nuevo aquellos extraños cantos agudos, pero esta vez tan reales, tan cerca, tan claramente audibles!
Pensó que quizá como siempre, si ella paraba de cantar, entonces esos otros cantos cesarían… pero esta vez no fue así, cada vez los oía más cerca y claros!
Entonces empezó a ver saliendo entre las olas, como unas bellas criaturas que saltaban a lo lejos en el mar, acercándose hacia ella. En cada salto, su piel resplandecía con el brillo fulgurante de la luna, y sus cantos eran casi como alabanzas ahora!
Eran un recuerdo, eran su consuelo y su fantasía hecha realidad…

Aquellas bellas criaturas eran delfines! Su alma danzaba de felicidad ahora, sus lágrimas caían por sus mejillas sonrosadas, no podía creerlo…
Cuando ellos pudieron acercarse casi hasta la orilla; ella sin pensarlo más, saltó de cabeza y nadando llegó hasta ellos.
De pronto, sintió algo extraño, un cosquilleo en su coronilla y calor en su corazón, ella miraba a los ojos de esos 6 delfines, y sintió certeramente que podía entenderlos, y escuchar sus voces en su interior…
Y ellos estaban tan felices!

De pronto escuchó claramente:
- Hermana querida de las olas y el mar, hemos oído tus cantos luna tras luna, año tras año, y hemos incluso sentido tus llantos cuando no nos veías…
Por fin hemos llegado, a través del sonido de tus cantos, del susurro de tus melodías… nosotros te sentíamos, pero no estabas preparada aún. Y hoy ha llegado tu momento hermosa mujer del mar.
No eran los sonidos del mar, eran los sonidos de nuestro llamado, a tu corazón, a tu despertar.
No era la luna llena, era este momento el que tú esperabas y admirabas; sabías que iba a ser un día de luna llena, porque vosotras, los seres como tú, antiguamente salíais a cantar con la luna llena; cuando la marea sube, cuando la luz es pura, y cuando la energía de la luna y el sol están en su esplendor.
No es tu felicidad al vernos a nosotros los delfines, animales mensajeros del mar, aunque sabemos que eso te llena de felicidad! es tu plenitud al recordar tu origen… tu hogar verdadero y primigenio, el mar.
Nosotros te recordamos, con tu belleza, tus sonidos ancestrales, tu grácil silueta nadando en el mar… hemos venido para que recuerdes.
Para que retomes tu sagrado linaje, del llamado original de los primeros humanos en la tierra, los que conocían el poder de los sonidos sagrados, los seres mágicos del mar…
Eres tú hermosa sirena, la que ha pedido recordar, eres tú la que ahora cantas con tu voz más completa, y sabes que el mar es tu hogar…

Entonces aquella muchacha, recordó; empezó a entonar una aguda melodía, tan mágica y profunda, que sus piernas de pronto desaparecieron, y de allí empezó a brotar una preciosa y escamada cola de tonos morados y azulados… entonces se fundió con las olas del mar.
Salíó con sus hermanos los delfines, saltando las olas y zambulléndose mar adentro con gracia.

Dicen que retornó a su hogar, porque para ella, la tierra solo era un lugar de paso, para recordar su llamado original.

(Cuento canalizado para Alexandra Mañas)

Unicornios y Pegasos...

En los albores de la humanidad… hace mucho tiempo, una estrella estalló dividiéndose en 2. Dicen que de allí salieron los primeros humanos.                                                        

Una de las partes era densa, la otra era sutil, y había un mismo origen para ambas.

En ese estallido se abrieron 2 mundos, el del humano, y el que ahora llaman el mundo  “imaginario” o de la “magia” allí viven muchos seres, entre ellos los pegasos, unicornios, hadas, dragones, ángeles, y seres mágicos de todo tipo...

El humano y los seres de la imaginación vivían conectados desde el corazón, realmente eran como almas gemelas. Hermanos cósmicos, sus mundos eran paralelos.

Pero con el tiempo el humano fue poco a poco sumiéndose en un sueño profundo, dentro de su propio mundo material. Un sueño más denso, menos luminoso y más terrenal, el sueño del mundo del humano. Con el tiempo, se fué olvidando de sus hermanos cósmicos gemelos, de los seres alados, y de aquellos que estaban unidos a ellos antes del tiempo de la creación.

En el mundo de la imaginación un gran desconsuelo empezaba a hacerse notar… los humanos a pesar de estar lejos, podían estar cerca con tan sólo desearlo, podían viajar con el poder de su corazón al mundo de la imaginación…uniendo lo visible y lo invisible. Pero ese era el problema, habían dejado de desearlo  porque lo habían olvidado, y lo habían olvidado por dejar de desearlo.

La tristeza por sus hermanos cósmicos los humanos, era tan grande, que se hizo la gran reunión de los seres del mundo imaginario. Todos los seres que allí habitaban decidieron que el humano debía volver a recordar.

Una gran voz suave formada de infinitas, al unísono hablaba en todas las conciencias aladas y sutiles:

-El humano se ha olvidado de su otra realidad, de sus hermanos gemelos cósmicos, y nuestros mundos se están separando… las rejillas de luz que nos entretejen, se están debilitando. Por desgracia sabemos que el humano se ha sumido en la densidad, en la  materia, en lo que ven sus ojos…y ha dejado de creer y crear con el corazón.                     No sabemos que va a pasar, sólo sabemos que si nos alejamos más, una parte de ellos morirá, pues somos mundos paralelos unidos desde su corazón y las rejillas de luz y de amor, de las energías más sutiles….

Entonces entre todas las voces al unísono, una imagen salió de entre todas, y a su vez, esta se dividió en 2 y luego en infinitas: pegasos relucientes con alas majestuosas y delicadas, y unicornios con cuernos de luz de polvo de estrellas y rayos de oro y plata.

Y todos dijeron al mismo tiempo: así debe ser, unicornios y pegasos acompañaremos al humano en su mundo, y desde sus vibraciones humanas densas y terrenales, ayudaremos a elevarlas hasta que su corazón vuelva a unirse a las rejillas de luz. Liviano y puro.       Volviendo así a unir el mundo de la imaginación con el material y humano…

Por desgracia sabemos que allá no hay espacio visible ni palpable para lo sutil, así que sólo podrá ir el cuerpo en materia. Una vez pegasos y unicornios estemos allí, perderemos las alas y los cuernos de luz. Y pasaremos a ser “caballos”.

Así es que los unicornios y pegasos llegaron al mundo humano, en un bucle atemporal para llegar al inicio. Desde tiempos remotos del mundo humano, muchos de ellos acompañaban a sus hermanos, aguantando las vibraciones más densas…el dolor, el odio, el rencor, el miedo y el desprecio humano.

El “caballo” le ayudó a ser más libre en su alma y corazón, a viajar en las distancias más largas e inimaginables por la tierra…a llevar sus más pesadas cargas, sus pesares...            Pero tenían una meta más elevada escondida en sus secretos del mundo imaginario. Una meta que era aún demasiado incomprendida por el ser humano…

Querían hacerlo viajar mucho más lejos aún, por el mundo sutil, hacerlo viajar desde el mismo corazón, para reforzar las rejillas de luz, y unir de nuevo los mundos paralelos. Resultando así, que sus hermanos terrestres recordarían su origen, más allá de los albores de la humanidad y la creación, y volverían a ser uno, como la esencia de la estrella creadora.

Ahora desde la tierra, ellos se han dado cuenta de cómo algunos niños, almas puras y corazones abiertos, en algún momento han llegado a ver sus alas brillantes y cuernos de luz; entre auras y destellos extraños.

Ellos relinchan, se ríen y celebran, porque saben que eso significa que las rejillas se están reconectando de nuevo…ellos trabajan así, en manadas, o en solitario, uniendo mundos y tiempos a través de las dimensiones paralelas y reconectando desde el corazón ; el mundo humano, y el mundo imaginario, el mundo denso y el mundo sutil, el mundo real y la magia… hasta su origen primigenio en las estrellas de luz.

Sobre la estrella creadora…hay más historia aún que contar, pero esa, dicen que la recordaremos cuando hayamos unido los 2 mundos.

El guerrero y el roble

El guerrero, enaltecido con su bravura se plantó delante de aquel viejo roble.
Este, impasible estaba ante su coraje y su crispada energía,
y entonces le susurró con una brisa suave y fría:
- No te das cuenta de que el bosque entero te está sintiendo?
Tu sed de batalla, de hostilidad y de reconocimiento.
Nosotros te sentimos...incluso mucho antes de que tu cuerpo llegue ante nosotros.
Nosotros estamos realmente unidos, no concebimos a ningún ser como partes separadas.
No necesitamos luchar contra nada.
Incluso si cortaras nuestra ramas,
estas tendrían una conexión con nosotros,
Pues realmente somos uno con todo...
Y te diré una verdad de la que muy pocos tomarán conciencia,
todo aquel que conecta de verdad con nosotros,
por siempre llevará en su corazón nuestra esencia..
Porque habrá sentido, aunque solo fuere por un instante,
esa comunión con nosotros, los árboles, las rocas y los animales...
Y el guerrero ante esa verdad,posándose con suavidad en su corazón, como el vuelo de una mariposa que encuentra una flor;
soltó sus armas y se hizo uno con su hermano el roble,
y dicen que nunca más se supo de aquel guerrero noble...
dicen que cambió las batallas, por la quietud del bosque.
Y que jamás obtuvo una victoria más alta que aquel instante...

 

La lechuza y los misterios de las estrellas

Hace mucho tiempo, los hombres vivían en el bosque, en las cuevas, las montañas, las llanuras y praderas.

Celebraban los ciclos, bendecían a la tierra, los espíritus y a los animales.

Todo estaba en completa armonía, hasta que el hombre empezó a dominar las tierras, los valles, los ríos y cascadas, las laderas de las cordilleras y todas las zonas donde la vida habitaba.

Creció su sed de poder, crecieron en número, tenían un hambre insaciable, espíritu indomable, y ambición imparable.

El bosque empezó a perder su equilibrio, pues ya no había un orden para cada animal…

El hombre codiciaba todo, ahora quería no sólo alimento, sino madera, pieles, bayas, plantas y piedras.

Arrasaba con todo lo que encontraba a su paso, nada podía detenerle… ni los animales más fieros habían osado enfrentarse, pues el hombre había aprendido a llevar llamas que usaba para su beneficio, y su defensa agresiva.

Observaban en la espesura de la noche las criaturas del bosque, sabiendo que el hombre también había aprendido a cazar en la oscuridad.

Y en su desesperado intento de preservar sus vidas, manadas y razas…muchos animales morían de hambre… pues era esa la hora en que muchos animales buscaban también alimentarse, pero de un modo equilibrado, sabiendo que sólo era necesario tomar lo justo para cada cual.

A todo esto el espíritu del bosque llamó a las estrellas, que iluminaban las noches oscuras en las arboledas, bajo la amenaza del hombre, ahora sin escrúpulos.

Un estrella llamada  “Mintaka” decidió poner a un vigilante nocturno, un ser que portaría la luz de las estrellas en su alma, y la quietud y sabiduría de las estrellas;

para que el hogar de los animales tuviera equilibrio respecto al de los hombres, dando así oportunidades de poder sobrevivir a oscuras.

La función de este “vigilante nocturno” era permanecer en la oscuridad, vigilante, sabio, atento... por su labor, se le otorgaba el poder de cazar también de noche, pero de manera fácil, y respetuosa, sólo podría tomar lo necesario, y su presa era conocedora de ese pacto; por tanto, era el sacrificio para salvaguardar el equilibrio del Bosque, “ley de vida” la llamaban.

Para ser sigiloso, astuto, ágil, cauteloso, y al mismo tiempo poder avisar al resto de seres del bosque, y poder intimidar al hombre que caminaba por el suelo, éste, tenía que ser un animal volador. Debería tener un sonido capaz de avisar a lo lejos al resto de animales, cuando el hombre se adentrara entre los árboles y matas.

También debía intimidar con sus sonidos misteriosos, y debía ser ágil para volar rápido y silencioso.

Con su gran sabiduría, y su visión mágica, sería capaz de conocer de las perversidades o las bondades de los hombres, conocer sus intenciones tan sólo con observarlos a lo lejos. De este modo, sabría si este hombre era digno de cruzar el bosque, y en este caso, volaría silenciosamente por encima de su cabeza bendiciéndolo con la luz de las estrellas, que ilumina en la oscuridad, y hace relucir la pureza del alma.

Fué así, como finalmente “Mintaka” eligió a la lechuza como vigilante nocturna, y como símbolo de la pureza de su misión, y de la “luz” de su alma  que aguardaría por el bien de todos, en medio de la oscuridad, tiñó su cuerpo de tonos blancos y dorados, y derramó en sus plumas chispitas que simbolizaban el cielo estrellado.

Le dio un canto mágico, ojos grandes y de visión audaz, y el don de ver todo en la oscuridad, incluso la maldad del hombre.

Muchos tiempos, ciclos y razas conoció la lechuza en su gran misión… Fue conocedora de los misterios de la noche, de los secretos de las estrellas, y de la pureza y maldad de las almas… Tanta sabiduría albergó en sus vidas, que conocido también la magia, se hizo amiga de las mujeres sabias del bosque que por tiempos ancestrales, visitaba en las noches.

Con el tiempo, dicen que la coronaron por ser conocedora de misterios, la llegaron a adorar como una criatura sobrenatural, la reina de la noche y de las estrellas…

Ahora ya lo sabes, si cruzas el bosque en la noche y una de ellas alza el vuelo sobre tu cabeza, tienes la bendición de las estrellas y de la mágia de la lechuza.

El bosque de tejos, y la danza eterna

Aquella mañana el anciano había notado especialmente el dolor en su pecho, sabía que pocos amaneceres le quedaban por ver.

 Aún no había logrado resolver el dolor de la despedida, el desconsuelo de la aceptación, el miedo a su propia ausencia en la vida…

Pero algo más fuerte que él, le hizo levantarse de su lecho en ese momento y echar a caminar.

La suave brisa de aquella mañana le hacía resucitar sentimientos olvidados en su corazón, reminiscencias de esperanzas y de ilusiones infantiles; de un “quizá” que despertaba sus sentidos, y alimentaba sus fantasías.

Pero no podía olvidar su realidad, su cuerpo se apagaba, su tiempo se acortaba, y su alma esperaba el momento de partir; hacia ningún lugar que él pudiera imaginar…

y eso, justamente le aterraba.

Inmerso en su soledad y abundancia de “sí mismo”, sin darse cuenta, estaba envuelto en una misteriosa y pálida bruma, había llegado al bosque húmedo, al oscuro y triste bosque de tejos ancianos.

 Y en el graznido de un solitario cuervo posado en una rama, le pareció oír una voz:

- Acércate anciano…es tu hora ya. Debes comprender…

El sólo hecho de estar allí escuchando un soplo de vida llegado de quien sabe si su imaginación delirante, o del sombrío cuervo, le tranquilizó…sintió cómo por lo menos había alguna esperanza para él, algo que le esperaba, un final o “quizá´” un principio…

 

De pronto notó un frío y húmedo ambiente nunca antes sentido, y sin darse cuenta, las ramas de un tejo muy antiguo le estaban abrazando…  y estas no parecían querer soltarle.

El tejo anciano con una voz que eran como miles de voces, le susurró al oído:

- Esta es la hora amigo querido, debes entender los misterios que aguardan en la profundidad de mis raíces…

- Hemos visto muchos hombres, poblados y clanes nacer, avanzar, y desaparecer.

Antes nos honraban, nos escuchaban, nos ofrendaban, y ahora no nos reconocen.

Nuestros días no cuentan el tiempo como los humanos, nosotros no vivimos vuestro ritmo, sencillamente no concebimos que algo empiece y acabe, pues hemos visto como todo es un transitar… dicen que somos eternos, dicen que vivimos en los 3 mundos, fuera del tiempo, pero sencillamente estamos más allá de la vida y la muerte.

 Pues hemos visto como allá donde nace algo, antes tuvo que morir otro ser;

que allá donde algo se apaga, otra cosa enciende su luz.

Observa cómo de los frutos muertos, brota la semilla de la vida, como a su vez esta semilla será un árbol que muera, y quizá allí donde muera, brotarán flores de su muerte.

De que te afliges anciano?

No ves que tu vida aquí se apaga, y una esperanza brota en otro lugar?

El anciano, sin darse cuenta, sumido en el sueño del tejo, en el susurro que salía del silencio, en el reposo de su propio silencio…se estaba apagando, su cuerpo yacía en los brazos de aquel tejo, en las ramas que se enroscaban desde el áspero tronco.

El tejo siguió susurrando:

- Es tu hora anciano, debes saber que nada acaba y nada empieza, solo existe el cambio a través de movimiento, la danza eterna de la vida y la muerte.

 Es la danza del universo, de la nada y el todo, pues en ella misma están los pulsos de los 2 opuestos.

Entonces el anciano había dejado de respirar, sumido en una gran sueño en los brazos del tejo…

Su viaje fue un instante,  su alma se fundió en la danza eterna, en la existencia misma del fluir de los pulsos.

Un respirar fue todo eso, un fundirse en el universo, y en las raíces de aquel anciano tejo yacía los restos del cuerpo del viejo…

Parece que de allí brotaron nuevos tejos, no en el tiempo del hombre, sino en el respirar del corazón y el centro de aquel lugar…

El espíritu del bosque se hacía más grande, ahora había una voz más entre ellos, una voz que eran miles, eternas…

Ahora había una historia más que contar, una voz más que podía susurrar…

Unas raíces nuevas que se sumían al tiempo en la profundidad de la tierra, y en la infinidad del cielo…

Así es y será la danza eterna entre la vida y la muerte…

Así dicen que es como viven los ancianos tejos desde el principio de los tiempos.